Aker

El Aker era el personaje principal del akelarre (literalmente, “el campo del akerra o macho cabrío”), a quien todas las brujas veneraban.

Representaba al vicio, la buena vida y la maldad, entendida esta última, claro está, con la estrecha y supersticiosa moral de la Edad Media.

En una época oscura, sumida en el retroceso intelectual y cultural, en el que el aislamiento, la ignorancia y la superstición lo dominaban todo, el culto al Aker era la válvula de escape de la población, era la forma que los habitantes del medievo tenían de rebelarse contra aquel tiempo de condena. Se trataba de su diversión, su goce.